Por Ana Jerozolimski Periodista – Jerusalén
El 4 de noviembre se cumplieron 15 años del asesinato del primer ministro de Israel Itzjak Rabin. Cuesta creer que aquella noche nefasta ocurrió aquí, en Israel, donde nadie pensaba que eso sería posible, donde todos creían siempre que la amenaza era posible únicamente de parte de algún extremista árabe. Cada vez que se acercan las fechas recordatorias, resurgen las polémicas: ¿acaso sólo la izquierda debe recordar a Rabin y honrar su memoria? ¿Quizás la izquierda alejó a los demócratas del lado derecho del espectro político israelí? ¿Cómo separar los dos mensajes claves de esta situación? Por un lado, está el recuerdo de que Rabin fue asesinado por su política en el proceso de paz, a manos de un opositor radical de derecha. Por otro lado, lo central: en democracia, las discrepancias no se resuelven mediante el asesinato.
Hace 15 años, cuando la noticia del asesinato conmovió a la ciudadanía en su enorme mayoría, salvo fanáticos marginales no había derecha e izquierda, religiosos y seculares: Israel todo quedó en estado de conmoción por lo sucedido.
La gran diferencia que sí existía entre los dos campos, izquierda y derecha, era que la izquierda se sentía víctima y la derecha, acusada por la incitación contra Rabin que había terminado en el magnicidio, sintió que todos la culpaban del terrible desenlace. Es que la legítima crítica a la política de Rabin en el proceso de paz con los palestinos, vistió en determinado momento un carácter peligroso de ataques personales en los que Rabin era presentado como traidor, se lo vestía con el pañuelo árabe «Kefía» y con uniforme nazi.
«La derecha ya no se siente culpable», nos dijo Yair Sheleg, investigador en el Instituto Israelí de Democracia y columnista del matutino «Haaretz», especializado en el tema del sionismo religioso, justamente el sector del que salió Ygal Amir, el extremista que mató a Rabin. «La desconexión de Gaza en 2005, que incluyó el desmantelamiento de todos los asentamientos de Gush Katif y el traslado de toda su población, fue lo que le quitó el sentimiento de culpa porque sienten que pagaron un precio muy alto con ese paso».
Quince años después, las polémicas no se han terminado. La paz con los palestinos no sólo que no se ha logrado sino que ambas partes tienen serias dudas acerca de cuán posible realmente es. Ha pasado mucha agua bajo el puente, las partes se acusan mutuamente por la demora y lo único totalmente claro es que Itzjak Rabin ya no está para intentar resolver tantos problemas pendientes.
La sociedad continúa dividida, pero la sensación es que la polarización es menos acústica que en aquellos tiempos. El ya citado Sheleg recuerda que cuando el primer ministro Ariel Sharon ordenó la salida de Gaza, lo criticaron duro, pero no se llegó al punto de la incitación que se había lanzado contra Rabin. Aunque considera que ello se debe a que en gran medida «se aprendió la lección», este catedrático opina que nadie puede asegurar que no habrá otro asesinato. «Nunca digas nunca»…algo que antes, el israelí promedio, sí se atrevía a decir. Pero hay un elemento hoy que parece sumamente claro: desde el asesinato de Rabin, más allá de matices diversos de cada jefe de gobierno, el aprendizaje central que parece lograr todos los que llegan al poder, es que Rabin tenía razón.
En el día oficial del recuerdo del asesinato, que se conmemoró hace unas dos semanas ya que se señala siempre según el calendario hebreo, el primer ministro Benjamin Netanyahu citó palabras de Rabin, de su último discurso en el parlamento, como quien cita a un maestro que abre el camino correcto.
«Podemos, dijo, seguir luchando, podemos seguir matando y seguir siendo matados, pero también podemos poner fin, intentar poner fin, a este círculo interminable de sangre»- dijo Netanyahu, recordando a Rabin a quien años atrás tanto había criticado. Esto no significa, claro está, que Netanyahu sea ahora igual que Rabin por más que haya dicho que está a favor de dos estados, es decir de que se cree un estado palestino al lado del estado de Israel. Pero la idea misma, la idea central del proceso de paz, está allí. Y Netanyahu no es el primero en llegar a esta conclusión, según ya lo dijo en el acto oficial de recuerdo, Dalia Rabin, la hija mayor del premier asesinado: «Uno tras otro subieron al poder líderes que se te opusieron duramente, que alegaban que estás equivocado, que no tienes mandato. Pero apenas se sentaron en el lugar ansiado con la pesada responsabilidad sobre sus hombros, se sintieron iluminados».
Esto, por un lado. Y por otro, los extremistas que al parecer, nunca aprenderán. Son una minoría, es cierto, pero 15 años después, no tendrían que existir. Sin embargo, justamente en el día oficial de recuerdo a Rabin, la televisión israelí grabó una fuerte declaración de un joven de 16 años, que cuando el asesinato, casi recién había nacido.
«Ygal Amir tuvo razón al haberlo matado. Fue un enviado del Todopoderoso, Ygal Amir fue un emisario. Tendrían que haber matado también a toda su familia», dijo ante el estupor del cronista que lo filmaba.
Al parecer, fue pensando en gente como esa que el Presidente de Israel Shimon Peres dijo en uno de los actos, que «hay que combatir el olvido, porque es un gran enemigo de la democracia».
Y en la reunión multitudinaria de días atrás en la plaza del asesinato, hoy llamada Plaza Rabin, Peres quiso combinar el recuerdo con la esperanza, lo último que se pierde: «Itzjak fue asesinado. La paz ganará. Todavía hay mucho trabajo. Los vecinos más allá de nuestras fronteras y dentro de los territorios, no lo facilitan. Pero nosotros somos más decididos que los enemigos de la paz y por lo tanto, saldremos victoriosos, porque hemos jurado poner fin a las guerras, por nosotros y nuestros vecinos. Basta ya».
A 15 años del asesinato de Rabin
10/Nov/2010
La República; por Ana Jerozolimski; 10/11/10